Recordando a Gram Parsons, el Ángel Caido

Gram Parsons

Un día luminoso en la calle,  sombrío y triste para mí. He pasado el día leyendo a Hesse sumido en una depresión que ya dura mucho tiempo y que desgraciadamente o no, sé que acabará pronto con un sueño sin final, un feliz descanso. Recuerdo como lo describía el filósofo novelista suizo, algo así como abrir la puerta hacia otra cosa cuando ya no es posible aguantar más este pequeño mundo de enanos burgueses, de vidas tranquilas y sin más aspiraciones que llenar la nevera o como mucho conseguir que esa sanguijuela que se hace llamar director de banco no te llame a casa para cualquier cosa menos para dar alegrías.

<<¡Mira, estos monos somos nosotros! ¡Mira así es el hombre! Y toda celebridad ,toda discrección, todas las conquistas del espíritu, todos los avances hacia lo grande, lo sublime y lo eterno dentro de lo humano, se vinieron a tierra y era un juego de monos…>>

Harry Haller (H.H.)

Subo arriba y por motivos que desconozco, quien sabe  porqué qué cosas pasan por la cabeza, como una aparición surgió la cara añinada y traviesa del ángel caido de la época dorada de la música sureña americana. She me marcó profundamente por su tristeza y carga de amor intemporal del delta del gran río del sur. Dicen que su influencia llegó a todos los rincones de la música pòpular, aunque es un gran desconocido para  las generaciones actuales.

Su obra habla por él mismo. Cúantos recuerdos. Murió por sobredosis en Joshua Tree, cerca de Los Ángeles. Allí hace tiempo me dejó tirado el mustang con el que me dirigía hacia tierras de Arizona y Nuevo Méjico. Una sensación intemporal, invierno en el paraiso, tirado como una colilla y bebiendo una gran jarra de cerveza en un tugurio de mala muerte regentado por los hermanos gemelos de los ZZ Top. Hay que ser imbécil, pues no se me ocurrió pedir un café en un honky tonk, el cachondeo fue general entre el escaso público, y la alternativa era salir volando a la puta calle de la mano escasamente amable y ofendida de los jodidos sosias de la banda de Houston.

En ese lugar intemporal, surgido, parecía, de cualquier escena de Easy Rider dejó la vida Gram Parsons y tras la rocambolesca historia del robo de su cadáver para cumplir su deseo de ser quemado en el parque, ese apartado lugar en la carretera de Ninety Nine Palms, en el Joshua Tree Inn, yo apuraba la última cerveza muy cerca de la habitación 8, donde Gram Parsons profundamente deprimido acabó accidentalmente con su vida en un cóctel benéficamente mortal de alcohol, heroina y morfina.

Ese lugar donde las Yucas y un desierto habitado por bloques de granito y antiguas tradiciones indias se convirtieron en la tumba desconocida, y lugar de peregrinaje para los que todavía le recuerdan como creador de lo que se dió en llamar Country Rock, estrella deslumbrante de los Birds y de los míticos Flying Burrito Bros, padre de algunas de las canciones que más me han marcado, como She. Allí inadvertidamente pasé la noche y el fantasma de Gram que no me visitó aquella noche, ésta de la primavera de 2016 viene a visitarme y a recordarme como si de un amigo se tratara que el final de la vida no tiene porque ser algo tan dramático.

Joshua Tree National Park. Place where Gram Parsons Died

Por escasas fechas no pasó a ser miembro del fúnebre club de los 27. Janis Joplin, Jim Morrison y Jimie Hendrix murieron con 27 años. A Gram le faltaron 47 días

Desde la más profunda desesperación os recomiendo a un artista medio olvidado hoy, pero no lo dudeis uno de los más grandes. No sigo. Por hoy basta.

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