I`m not there: Una biopic insólita de Bob Dylan

I´m not there

¿Una más del género de las biografías cinematográficas? por supuesto que no. El enfoque poliédrico de uno de los mitos de la cultura popular le da un algo esquizofrénico que la hace más atractiva. Yo que la ví sin conocerla realmente, me sorprendió, el magistral papel que la australiana Cate Blanchett hace de Robert Zimmerman, alias Bob Dylan, un personaje realmente complejo. Acompañando a Blanchett un reparto de la máxima calidad, Richard Gere, Julianne Moore, Christian Bale y Kris Kristofferson entre otros.

Bob Dylan quizá el mito mas conocido de la música popular y un personaje contorvertido en otros aspectos.Un poeta-músico enigmático, inalcanzable, misterioso y de una obra muy difícil de clasificar claramente.  Martin Scorsese abordó con No direction home (2005), la inmersión en la vida privada y creativa de Bob Dylan para crear dos mundos paralelos, el personal y privado y el propio de las estrellas de la música popular. Para todo ello Scorsese se valió de material de archivo, entrevistas, fotografías y testimonios de personajes muy cercanos a Bob Dylan.

Bob Dylan es el tema de la cinta de Todd Haynes, I’m not there (2007) y fue estrenada en España, sin demasiada repercusión ( un presupuesto de veinte millones de dólares sólo recaudó once millones en todo el mundo). Ni estamos frente a un documental, ni a una biografía tradicional, Haynes retoma el mito de Dylan para construir un relato poliédrico a través de lo que llamaríamos vidas paralelas del artista, séis vidas parciales, alter ego de bob Dylan, que unidas pueden llegar a hacernos comprender la figura completa del artista.

El director, Haynes, investigó tanto “la historia creativa de Dylan como su historia personal, y con historia creativa quiero decir -afirma Haynes- sus canciones, sus escritos, sus entrevistas, sus películas y todas las obras que le inspiraron”. En esa investigación, descubrió que sus biografías no describían de forma real al personaje, planteándose un enfoque absolutamente diferente y a partir de la ficción descubrir la realidad. habían fallado en su descubrimiento del Dylan real. Por eso, se planteó su propio recorrido, a partir de la ficción. Haynes y Oren Moverman, redactaron el guión que les dio vida a esos seis personajes que sin serlo son Bob Dylan.

 Los s productores obtuvieron los derechos por parte de Dylan para la banda sonora, y se planteó la figura de Dylan como la de un mito que trasciende las generaciones con temas muy reconocibles como “Like a Rolling Stone” y temas mucho menos conocidos como la canción que da título a la película versionados por nuevas bandas indies. El público más joven también puede sentirse interesado en el mito.

Los alter ego de Dylan se redimen con algunos de los aspectos que han hecho de Dylan un mito. El niño vagabundo Woody (M. C. Franklin), huyendo constantemente, incapaz de adaptarse y apoyado por su compañera inseparable: su guitarra. El músico folk Jack (Christian Bale), cantante protesta, implicado políticamente y unido íntimamente a Joan Baez (Julianne Moore). John, el pastor convertido (de nuevo Christian Bale), pronunciando un fanático sermón en un templo donde la música también está presente; el actor famoso y marido infiel Robbie (Heath Ledger compone un hombre torturado, que se debate entre la pasión y la culpa). La estrella de rock con apariencia andrógina Jude (con la interpretación magistral de Cate Blanchett, reconocida con el premio Globo de Oro, así como en los festivales de Venecia y Toronto de 2007), que se sumerge en una especie de dulce perdición, en donde la euforia y la desesperación están al acecho. Y por último, el viejo Billy the Kid (Richard Gere), ese personaje que permitió eternizar una más de las facetas de Dylan, la de actor, ahora al final de la huida, en la búsqueda de un sosiego que se resiste a ser conquistado. Los personajes secundarios permanecen en las sombras, en apoyo al protagonista de cada segmento, salvo el rol que cumple el reportero omnipresente en la vida de la estrella, que, a la manera de una voz de la conciencia, está constantemente confrontando los dichos y hechos del músico. Un pretexto para mostrar las incursiones de la prensa en la intimidad inabordable de Dylan.

Las piezas de este rompecabezas no encajan perfectamente, aunque hay una sucesión de tiempos que son cerrados con un Billy en un tren, con su guitarra por compañera, como nos habían mostrado a Woody, al inicio. Ese modo circular de cerrar la narración es aparente, porque las diversas historias son sólo fragmentos de una o varias vidas. Lo que da solidez al relato es el sentido que respira cada uno de esos segmentos. Por eso se agradece la obra de Haynes. Compuestos en color (las historias de Woody, Robbie y Billy) y en blanco y negro (las de Jack, John y Jude) -con distintas texturas y filtros, con estéticas del western, de los 70 o como imágenes de archivo, sean de tele o de cine-, esos momentos re-creados (nunca mejor utilizada la palabra), si bien no son testimonios de una vida real, sí poseen la esencia de una vida mítica. Ahí radica el atractivo y la riqueza del film. Que de antemano se sabe que no contará la historia de Dylan, sino que intentará acercarse por caminos retorcidos y de ficción para llegar a ese genio que cada uno se ha construido con la poesía, la música y las extravagancias de Dylan. En esa aproximación, Haynes abona el mito, que durante tanto tiempo el propio Bob Dylan ha creado y mantenido como una más de las muestras de su genio.

Ficha técnica:

I’m not there, EUA, 2007

Dirección: Todd Haynes

Producción: Christine Vachon, John Goldwyn

Guión: Todd Haynes, Oren Moverman
Fotografía: Edward Lachman
Música: Bob Dylan
Interpretación: Christian Bale, Cate Blanchett, Charlotte Gainsbourg, Richard Gere, Heath Ledger, Julianne Moore, Michelle Williams, Bruce Greenwood, Ben Whishaw, Marcus Carl Franklin, Kris Kristofferson, Kyle Switzer

135 minutos

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Ciencias “Clásicas” Vs. Ciencias Sociales: El Factor Humano

Mosaico pictórico de Escher

Como profesor o formador de disciplinas principalmente de Ciencias pero también de humanidades es una contradicción que está en la propia naturaleza del título. ¿Por estar a favor claramente de las ciencias puras y experimentales en contra de las llamadas ciencias sociales? No, no es una cuestión de estar a favor o en contra, es simplemente una constatación de facto de que al contrario de en las ciencias “clásicas”, las ciencias sociales presentan un factor que no está presente en las otras: el factor humano.

Dice una antigua máxima cabalística, de la que se atribuye un antiguo origen hebreo, que lo que no se puede expresar por un número no existe. No seamos maximalistas, en efecto, siempre podríamos hablar de grandes sustantivos como el amor, la solidaridad, la maldad, la bondad, etc… que al menos en principio no parecen ser cuantificables, y sin embargo, afirmamos que existen en la medida que los experimentamos en nuestra propia experiencia.

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En las ciencias puras tales como las matemáticas y la física sabemos y afirmamos que sus resultados no se exponen a discusión. Si la resistencia a la torsión de un cable de acero es una determinada, soporta tantos kilos por fibra determinando el grado de torsión, el grosor y composición de cada fibra del cable y las condiciones ambientales que es capaz de soportar (carga, límite de fractura, condición elástico-plástico, temperatura,etc.) son determinadas, podemos afirmar que un ingeniero medianamente competente podrá aplicar las conclusiones de las matemáticas y la física a su campo de la ingeniería civil y proyectará con seguridad el puente atirantado a diseñar. En sus más modernos avances, sin embargo, las matemáticas, la física y la filosofía llegan a estar tan enmarañadas que se confunden unas con otras, pero no nos equivoquemos, salvo defendiendo el modelo antrópico ( en realidad afirma que el Universo existe para que en última instancia el Ser Humano lo observe), la filosofía siempre deberá seguir los modelos “coherentes” desarrollados por físicos y matemáticos. Siempre que los ha contradicho (el caso de la jerarquía católica i.e.) al final han tenido que modificar su modelo para ajustarse al establecido por las dos grandes disciplinas teóricas.

Si nos dirigimos a las ciencias aplicadas, tales como las comunicaciones, la ingeniería, la biología, la medicina, la geología o la química, estamos en una situación muy similar, quiero decir, todas estas disciplinas surgieron como derivaciones de las tres grandes (incluimos la filosofía). En la actualidad la aplicación directa de los avances en la física y las matemáticas en técnicas analíticas, análisis de la evolución, prospección geofísica ,la comprensión real del metabolismo celular, o el diseño de equipos de imagen médica que aplica los últimos conocimientos de la física entre otros miles de casos nos inclina a unir todas estas disciplinas al grupo de las dos grandes. ¿Porqué sucede ésto? Es obvio, aplican el método científico, que permite testar los resultados de experimentos repetibles bajo las mismas condiciones, lo cuantifican….y eso no sucede con las ciencias sociales.

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Pienso, no con agrado, pero de una manera bastante real que a las denominadas ciencias sociales como la sociología, la economía, la psicología, la psiquiatría (un caso bastante peculiar), la historia en su análisis comparativo y el resto surgen como “Ciencias” como el acuñamiento bastante especial de un cierto complejo de inferioridad. ¿Porqué?, pues lo que les he dicho antes, no nos engañemos, son absolutamente incapaces de generar ni una sola predicción, aún apoyadas con estadísticas. ¡Ah! las estadísticas, obviando el chiste que afirma que existen para mentir científicamente, me adhiero más bien a la definición que hace Sean Carroll, catedrático de CalTech en la que afirma, que las estadísticas son para el Ser Humano la manera de sacar de paseo a nuestra ignorancia. Podemos analizar brevemente algún caso.

El caso de la economía es paradigmático y en la actualidad inmersos todavía en una grave crisis económica, cuando la economía es un tema de conversación habitual, y aquí el más tonto hila bolillos. Increible. Ni un sólo economista hasta la fecha ha predicho fielmente la llegada de una gran recesión (ni pequeña), los premios Nobel de economía en muchos casos se otorgan a matemáticos o economistas convertidos en matemáticos. Pero incluso en el caso de la famosa “Teoría de Juegos”, ya sea o no con negociación no toma en cuenta el factor humano, factor del que no adolecen, para su descrédito, la totalidad de las ciencias sociales.

El caso de la psicología es incluso tierno. Es fácil. Pongamos a prueba cualquier postulado psicologico al método científico (no hagamos trucos, excepción hecha la neurología, la bioquímica y otros aspectos), estamos hablando estrictamente de postulados psicológicos. Fracasan en todos los casos, y a lo sumo se apoyan en estadísticas, que en muchos casos podemos juzgarlas como parciales y de escasa factura.

El caso de la psiquiatría es más dramático, un complejo de inferioridad llevado a la extravagancia y convirtiendo a un millón de farsantes en recetadores de psicofármacos, en base a unos supuestos modificadores neuroquímicos, lo cual les permite diagnosticar de enfermedades mentales a prácticamente todos los ciudadanos. Recuerden, ahora todos los chicos son disléxicos, o tienen TAH, para lo cual tiene  su sufrido vademécum de fármacos que convertirán a final a generaciones en bandas de gilipuertas.

ARBOL

En definitiva, cualquier disciplina que no pueda someterse de forma estricta al análisis del método científico, el caso de las ciencias sociales, es en realidad una creencia aceptada socialmente y que no ha pasado un serio análisis racional independiente y competente.

El Ser Humano, factor humano del que dependen las ciencias sociales, por ahora es una especie que está compuesta por individualidades, que funcionan con reglas, que varían en abanicos muy amplios según criterios de intensidad, cultura, nivel económico, formación, estructura familiar, etc. y que no pueden ser cuantificadas, al menos por ahora, y que en sociedades, especialmente la occidental desarrollada, donde el individualismo se promueve, predecir comportamientos y modelos exactos es simplemente imposible, de donde deduzco en última instancia, que las ciencias sociales en absoluto son ciencias.

Pero yo no escribo la historia. Gracias lector.

 

 

 

Recordando a Gram Parsons, el Ángel Caido

Gram Parsons

Un día luminoso en la calle,  sombrío y triste para mí. He pasado el día leyendo a Hesse sumido en una depresión que ya dura mucho tiempo y que desgraciadamente o no, sé que acabará pronto con un sueño sin final, un feliz descanso. Recuerdo como lo describía el filósofo novelista suizo, algo así como abrir la puerta hacia otra cosa cuando ya no es posible aguantar más este pequeño mundo de enanos burgueses, de vidas tranquilas y sin más aspiraciones que llenar la nevera o como mucho conseguir que esa sanguijuela que se hace llamar director de banco no te llame a casa para cualquier cosa menos para dar alegrías.

<<¡Mira, estos monos somos nosotros! ¡Mira así es el hombre! Y toda celebridad ,toda discrección, todas las conquistas del espíritu, todos los avances hacia lo grande, lo sublime y lo eterno dentro de lo humano, se vinieron a tierra y era un juego de monos…>>

Harry Haller (H.H.)

Subo arriba y por motivos que desconozco, quien sabe  porqué qué cosas pasan por la cabeza, como una aparición surgió la cara añinada y traviesa del ángel caido de la época dorada de la música sureña americana. She me marcó profundamente por su tristeza y carga de amor intemporal del delta del gran río del sur. Dicen que su influencia llegó a todos los rincones de la música pòpular, aunque es un gran desconocido para  las generaciones actuales.

Su obra habla por él mismo. Cúantos recuerdos. Murió por sobredosis en Joshua Tree, cerca de Los Ángeles. Allí hace tiempo me dejó tirado el mustang con el que me dirigía hacia tierras de Arizona y Nuevo Méjico. Una sensación intemporal, invierno en el paraiso, tirado como una colilla y bebiendo una gran jarra de cerveza en un tugurio de mala muerte regentado por los hermanos gemelos de los ZZ Top. Hay que ser imbécil, pues no se me ocurrió pedir un café en un honky tonk, el cachondeo fue general entre el escaso público, y la alternativa era salir volando a la puta calle de la mano escasamente amable y ofendida de los jodidos sosias de la banda de Houston.

En ese lugar intemporal, surgido, parecía, de cualquier escena de Easy Rider dejó la vida Gram Parsons y tras la rocambolesca historia del robo de su cadáver para cumplir su deseo de ser quemado en el parque, ese apartado lugar en la carretera de Ninety Nine Palms, en el Joshua Tree Inn, yo apuraba la última cerveza muy cerca de la habitación 8, donde Gram Parsons profundamente deprimido acabó accidentalmente con su vida en un cóctel benéficamente mortal de alcohol, heroina y morfina.

Ese lugar donde las Yucas y un desierto habitado por bloques de granito y antiguas tradiciones indias se convirtieron en la tumba desconocida, y lugar de peregrinaje para los que todavía le recuerdan como creador de lo que se dió en llamar Country Rock, estrella deslumbrante de los Birds y de los míticos Flying Burrito Bros, padre de algunas de las canciones que más me han marcado, como She. Allí inadvertidamente pasé la noche y el fantasma de Gram que no me visitó aquella noche, ésta de la primavera de 2016 viene a visitarme y a recordarme como si de un amigo se tratara que el final de la vida no tiene porque ser algo tan dramático.

Joshua Tree National Park. Place where Gram Parsons Died

Por escasas fechas no pasó a ser miembro del fúnebre club de los 27. Janis Joplin, Jim Morrison y Jimie Hendrix murieron con 27 años. A Gram le faltaron 47 días

Desde la más profunda desesperación os recomiendo a un artista medio olvidado hoy, pero no lo dudeis uno de los más grandes. No sigo. Por hoy basta.