Cementerios del Arte (Paga, haz cola, compra el catálogo y se “cool”)

cementerios del arte

Comenzando Marzo me he decidido a poner blanco sobre negro, y quizá con más pasión de la debida, algunas reflexiones sobre el arte de masas que impera actualmente en la sociedad urbana del siglo XXI. Dice un dicho norteamericano que la opinión es como el culo y todos tenemos una. Pues toménselo los lectores de esta guisa, si alguno leyere  esta entrada.

Hay algo en las grandes exposiciones como la actual del Greco que me provoca un rechazo visceral a visitarlas, colas interminables, paso obligado por el “bookstore” de marras, adición casi patológica a los suplementos dominicales (más daño han hecho a la cultura que la Talidomida a la salud humana), coste infame en transporte, aparcamiento, tiempo, entrada al circo del arte. Casi que no, casi que he decidido que mis amigos, que si las visitan, me compren y en el mejor de los casos me regalen el costoso catálogo que me permitirá disfrutar de las obras con tiempo, pagando a cambio ver una  copia fotográfica de calidad en vez del original.  Pago a gusto, pero al menos podré disfrutar las obras con la reflexión y elevación que nos regalan y piden los artistas en sus obras. El artista ( y la gran mayoría no llegan ni a ser bien conocidos) sólo nos pide nuestro tiempo y atención, asomarnos a su intención y propósito cuando, quizá sin saber porqué bosquejaba un boceto. La gran exposición no me permite sumergirme en la obra y conocerla y saber porqué esa y no otra disparó la emoción. La gran exposición no me permite enamorarme del arte.

Me gusta ver obra original en las casas de amigos y clientes, alguno tiene un Eduardo Naranjo colgado y otros tienen de una chincheta colgado el indescifrable primer dibujo que su hijo le dedicó. Siempre arte en un entorno vivo. Algo así sentí en un pequeño museo, la galería Whitney, en Cody, lejano oeste patria de Buffalo Bill. Un pequeño pueblo con una afición al arte que sorprende al europeo sobrado que pretende dar lecciones. En un complejo de cinco museos se halla esta galería o museo. Recuerdo aún cuando me senté delante de una composición de un padre indio bañando a su hijo (posiblemente de Willian de la Montague), poca gente y muy silenciosa, un rincón apartado de la sala central y un banco para disfrutar del sentimiento que transmitía la obra. Nunca más he vuelto a ver esa obra y es un recuerdo que me acompañará siempre.

Algo similar sucede con el arte callejero, parece que si lo llamamos “street art” o “urban art” lo dignificamos, pero es digno por si mismo. También, salvo excepciones especuladoras puntuales, esta modalidad de expresión artística, creo que también ha asestado al stablishment del “haz cola, paga, compra el catálogo y se cool” un buen golpe en su línea de flotación. La población joven, y ya no tanto, se siente mucho más identificada con una obra de Banksy o cualquier otro artista urbano, conocido o no, que con una obra de Velazquez acordonada por múltiples medidas de seguridad y asediada de turistas de casco y traducción bastarda. Y rápido ¡Coño! que hay gente esperando. Ésto me sucedió literalmente en una exposición de Hooper por la que tenía un expecial interés. Ese día decidí no volver nunca más a una gran exposición en esos museos que más parecen cementerios del arte que espacios decididos a que el espectador pueda dedicar toda su atención al alma del artista plasmado sobre la obra que vemos.

3D-Street-Art-in-Rennes-France

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2 comentarios sobre “Cementerios del Arte (Paga, haz cola, compra el catálogo y se “cool”)

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