¿Por qué escribir de nuevo? (Why do I wanna write again?)

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¿Por qué? Una buena pregunta que no se responder de forma exacta. Quizá, como les ha ocurrido, les ocurre y les seguira sucediendo a todos a quellos que en la escritura encuentran porque sea la última alternativa a colgarse y desaparecer para siempre. La escritura, más aún si llega a eso que llaman literatura, es el último refugio de los cobardes, quizá también el último bastión que queda a las almas independientes antes de ser aquello por lo que definían a los gladiadores en la, aunque inexacta, genial cinta de Ridley Scott: sombras y ceniza. Escribir es doloroso y, tópicos aparte, todavía no se ha conocido al gran creador que en su felicidad externa sea capaz de arrebatarnos con los conflictos internos de sus personajes.

Escribo porque ya no me queda más allá de mis pensamientos, y no consentiré en jugar con lo políticamente correcto o premeditar lo políticamente incorrecto para salir del fango. El fango tiene un amargo sabor pero al menos es auténtico en su oscura naturaleza. Escribo porque mis carencias me aplastan, porque el sueño se ha llegado a convertir en el único refugio donde todavía brilla alguna luz, donde lo demonios modernos no logran apresarme y porque simple y llanamente me da la real gana. Ficción y reflexión es quizá lo último que intentarán robar, ocultar, desprestigiar y matar aquellos que llamándose poderes fácticos parecen adquirir nobleza en esa definición. Fáctico significa “de hecho”, pues no hay nada más que hablar a ese respecto ya que todos sabemos a día de hoy quienes representan el poder real en su esencia más perversa.

Sigo mirando el cable que se balancea lánguidamente de la escalera, es inócuo, polivalente, sin conciencia de ser el instrumento que puede quitar la vida o conectarme al resto de seres humanos. No es perversa la realidad sino la percepción que tenemos de ella, y recuperando a un Platón, no por muy estudiado mejor comprendido, el acabamiento de la vida no es algo ni malo ni bueno, es una idea, y como todas increada, indiferente, una especie de Crom que mira aburrido las penalidades del héroe de Howard. Es la percepción, la Doxa, el hecho material de sentir el nudo rompiendo nuestra vida lo que nos hace temer no viajar al otro lado del espejo de forma voluntaria.

El miedo y no el deseo es el motivo que he encontrado para abrir este espacio porque nunca es bueno aceptar lo que está impuesto simplemente porque nos lo repitan constantemente los corifeos de esos poderes fácticos de los que hablaba antes.

Mientras tanto no desataré la cuerda de la escalera porque ella me recuerda que al menos el que escribe estasa líneas sólo es una somba a punto de convertirse en ceniza.

“No creo en exilios, no creo en destierros, libre y voluntario es aceptar lo que está impuesto”

(Santi Santos)

El que quiera entender, que entienda.

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